miércoles, 10 de diciembre de 2008

Escrito en la piel del mundo: welcome to the void of the XXI century...



"Un hombre escribe para expulsar el veneno que ha acumulado debido a su estilo de vida falso. Está intentando recapturar su inocencia, pero todo lo que logra hacer (escribiendo) es inocular el mundo con un virus de su desilusión. Ningún hombre pondría una sola palabra en un papel si tuviera el coraje de vivir aquello en lo que creía."

Henry nacido en pleno siglo XX, en 1988, bajo el signo de Cáncer, en un pueblo que se pudre de aberración, en una nación atrasada y posmoderna, dentro del ombligo surrealista de la baja América.

Lastima que las aberraciones sean sólo “contaminación”. Henry recuerda su infancia y sabe que desde entonces ya era un outsider, un fantasma, un extraño en medio de la alegría infantil. Henry tal como Miller debió haber nacido cuando ser “escoria” tenía algún sentido, pues alguien tenía que atreverse a decir soy “nada” y nunca he sido más feliz. Pero no… en esta época donde las guerras y la miseria causan risa o indiferencia, no es fácil ser admirado por ser un post beat nik, un Bukowski, un Eusebio. Todos tuvieron que nacer antes para escupir su veneno y pasar a la historia por ello. Sin embargo lo que Henry intuye es que aún hay muchísimo veneno que vomitar. Entonces cuando el futuro diga sus verdades sobre este pasado siempre presente ¿cómo van a llamar a los que en verdad no creen en nada?... más allá del nihilismo, ¿cómo nombrar a estos niños que nunca han crecido porque saben que el país de Alicia sería una bendición pero que en esta realidad pútrida ningún conejo vendrá a mostrarte mundos de ajedrez donde Reinas corten cabezas por suspirar en mal momento?...¿Cómo nombrar a estos niños sin mañana?...

Henry conoce bien el ambiente y se ha dedicado con éxito a ser uno más de ellos. Sin embargo tiene esa terrible enfermedad del artista, tal como decía Miller… hay que escupir el estilo de vida falso en el cual nos toca nacer y sin embargo qué resta escribir cuando la falsedad es el absurdo mismo… qué hay que hacer ahora que un pornógrafo puede ser sacerdote y un pedófilo presidente. No sabemos que hacer ahora que la falsedad misma es pretender no creer en nada y eso porque tienes que subsistir. Pero no necesitas creer cuando puedes comprarte placebos para colmar tu vacio, aunque este siga siendo tan hondo y liso como el estomago de un borracho hambriento.Detestamos la tradición y la norma pero eso no es nuevo y ahora es fácil. El mal del siglo XXI el cual hemos comenzado hace poco no es la guerra de Vietnam (es decir, la de Irak y todas esas que ni siquiera sabemos que pasan porque no nos importa un quinto), no es el SIDA propagado porque el sexo multidimensional es pan de cada día.

Imaginate: aún no llegamos al escenario más terrible… aún nuestro deseo enmarcado en cámara web nos inocula del mal celular transmitido por cualquier mezcla irresponsable de fluidos. Así que tenemos la pornografía voyeurista al 100 por internet y tenemos la realización del deseo mirón a través de la cámara y los gestos y las palabras. Tenemos el snuff, ¿para qué queremos imágenes de guerra?... el alcohol se vende a los niños en los oxxos que pueblan cada esquina; el cigarro es prohibido pero todos fuman, incluso los padres al lado de sus hijos recién nacidos; las drogas son malas pero si vas a una fiesta de “juniors” como no vas a consumir cocaína… además es negocio familiar y es un pase para tener amigos con los cuales identificarte en tu deseo óptimo de destrucción. Hay mota por doquier, hay tachas para ser feliz y claro toda esa droga que “comemos” para alimentarnos, las benditas hormonas y los conservadores.Todo lo que respiras mata, ¿qué importa vivir una vida falsa?, ¿qué importa ilusionarnos con la supuesta vida sea falsa o cierta?, No… mejor saber que no hay nada que esperar y nada que creer.

Esto de los niños del futuro es nihilismo puro en esencia… esto de la transgresión no existe en un mundo donde el limite se ha borrado y prostituido desde hace ya demasiado tiempo. No creo en nada, no siento nada. Confortablemente triste, confortablemente ausente de este mundo de mierda y de la escoria que llevo dentro por haber nacido en él. La diferencia es que antes te infectabas con la vida falsa, hoy nacimos infectados porque la falsedad era verdad y la habían creído. Hoy sólo nos queda creer que el progreso es esta caída en espiral vertiginosa. Hoy nos gusta caer, golpearnos y seguir el descenso hasta llegar a la esencia del crimen: seguimos deseando y sintiendo, aún hay quienes escriben, más aún: la escritura como arte de la mutilación, escribir en la piel con navajas, sentir algo, sentir el repudio y hacerlo arte. Ahora los símbolos deben inscribirse en carne viva, deben latir, trascender como cicatrices de la piel que le hemos puesto al mundo. Luego tendrás que perfumar el símbolo que eres con Dior o Channel, ponerte la ropa más extravagante y cara, algo así como estilo Galiano, tus lentes de Dolce and Gabbana, tus zapatos west nine, ¡en fin! Cubrirte para andar promoviendo con todo ese disfraz la pura ausencia de pensamientos, eres aire caminando, eres la imagen del aparador que sale para contaminarse un poco, la calle es la vitrina donde te pavoneas como maniquí ambulante y tengo que decírtelo: ¡esa es tu felicidad! Vana, pueril, absurda, tal como esto que hacemos aquí con palabras, esto que pretendemos para diferenciarnos.

La muerte indiferente del deseo. Eso tenemos como axioma en el siglo XXI, porque el sexo también se ha vuelto simulacro, si no basta pensar en como las parejas postmodernas llegan a buscar juguetes a esas grandes tiendas que antes apenas y existían como locales clandestinos. Él llega a comprarle su dildo a ella, quien a su vez buscará quizá un par de anillos para que la duración de él se alargue mientras se deleitan con toda la colección de artilugios para poder sentir otra vez placer. Toda mujer independiente y consciente de qué tanto ha bajado el rendimiento sexual del hombre va y adquiere su consolador de la forma, color y precio más adecuado a su necesidad. Los hombres a su vez pueden adquirir vaginas de los materiales más variados, así tienen la seguridad de tener un coño a la mano cada vez que la novia, amiga, amante, esposa, haya dicho algo como “me duele la cabeza”, aunque eso debiera traducirse en “tu no me satisfaces en lo más mínimo”. Y así la sintomatología nihilista de nuestro siglo nos deja boquiabiertos, ¿qué valor queda?, ¿qué trascendencia, qué sacro categorías? Hay quienes aún confían en el poder de la razón, esa que nos condujo hasta este callejón sin aparente salida. Pero ante tal estado de cosas digamos “yeah, yeah, yeah”… escupamos el sinsabor, compremos algo de todo eso que existe para entumecernos, conectémonos a las maquinas, chatear con desconocidos y verles el culo via web cam siempre calma la ofuscación existencial. He aquí entre muchas otras cosas el valor de escupir en un blog algunas cuantas verdades que no deseamos saber y mucho menos escuchar... ¿o si?

2 comentarios:

Hamletmaschine dijo...

En palabras de Heiner Müller, en Cuarteto: "El pensamiento que no se vuelve acto envenena el alma". Podríamos estar viviendo una Edad de Oro, y sin embargo...

Una tristeza que va más allá de la carne, un vacío sin plenitud.

Elena Arriola dijo...

"la escritura como arte de la mutilación, escribir en la piel con navajas, sentir algo, sentir el repudio y hacerlo arte. Ahora los símbolos deben inscribirse en carne viva, deben latir, trascender como cicatrices de la piel que le hemos puesto al mundo".
Eso me agradó...y el comentario anterior también.
Que escribamos con sangre y escribiremos cosas mejores...dijo tu bien amado Nietzsche...será?